Texto aleatorio

Inspirando profundamente para aliviar la tensión que le oprimía el pecho, Zahariel atisbó el interior de la abertura. Apartó recuerdos de la última vez que había estado allí, bajo la arcología Northwilds, y de las cosas terribles que había presenciado. No estaba seguro de si era la desolación de ese primitivo asentamiento nuevo, o alguna reflexión surgida de un sentido más profundo y menos físico lo que provocaba su resistencia a cruzar el umbral.

Volvió la cabeza hacia su compañero e indicó con un ademán la roca que los rodeaba, tallada mediante taladros y picos láser.

—Alguien ha excavado esto recientemente.

Al igual que Zahariel, el otro Space Marine tampoco llevaba armadura e iba vestido en su lugar con los gruesos ropajes de la orden. No llevaba símbolos de rango ni título: era un enigma, lord Cypher, un guardián de sus herméticas tradiciones. Paseó la mirada en derredor y se encogió de hombros.

—¿Carroñeros?

—¿Después de tantos años? ¿Por qué huirían de nosotros? La huida sugiere culpa.

Cypher retrocedió. No era la primera renuencia que había mostrado desde que Zahariel se había unido a él.

—La Orden arrasó este lugar —⁠dijo⁠—. Es natural que los habitantes pudieran pensar que están infringiendo nuestras leyes simplemente por el hecho de regresar. No hay nada que sea relevante aquí.

Zahariel no estuvo de acuerdo.

—Creo que merece una investigación más a fondo. Fuiste tú, al fin y al cabo, quien quiso venir a la Northwilds. Yo estoy aquí solo como… una «parte interesada».

Era Luther quien había ordenado a Zahariel que acompañara a lord Cypher en sus muchas subrepticias idas y venidas de los últimos tiempos, aunque el mismo Cypher no se había mostrado muy dispuesto a complacerle. Esa era justo la primera oportunidad que se había presentado de viajar juntos.

—No deseo regresar junto al gran maestro sin un informe completo —⁠añadió Zahariel.

—¿De qué hay que informar? —⁠inquirió Cypher, agitando un brazo para abarcar el desierto asentamiento que tenían detrás⁠—. Algunos vagabundos han edificado su barrio de mala muerte aquí. Eso es todo.

—Solo hemos visto la superficie. Deberíamos mirar un poco más al interior, aunque solo sea para asegurarnos de que no hay otra rebelión creciendo en estos túneles deteriorados.

Lord Cypher pareció sentirse incómodo.

—¿Compartió contigo el maestro Luther la circunstancia que dio lugar a su repentino interés en esta región?

Zahariel no tuvo que mentir.

—Sucintamente. El número de reclutas obtenidos casi ha sobrepasado las instalaciones que tenemos en Aldurukh. Está pensando en construir una fortaleza nueva aquí.

—Una elección curiosa, teniendo en cuenta su historia.

—No estoy de acuerdo. Es la elección más obvia; una señal de que la Orden ha vuelto a marcar el territorio con su presencia.

Descendieron por túneles que en una ocasión habían sido de metal reluciente, marcados ahora por manchas y corrosión. El aire se tornó acre, contaminado por alguna fuente desconocida.

Zahariel paró un momento, con una mano sobre un lado de la cabeza. Percibía algo agitándose por debajo de ellos. Algo que no había percibido durante mucho tiempo, pero familiar de todos modos…

Al cabo de unos pocos segundos volvió a sumergirse en la oscuridad y las lámparas de su arnés de exploración se encendieron.

Siguieron el túnel durante un buen trecho, encontrando más señales de excavación y construcción reciente allí donde habían retirado paredes derrumbadas y se habían levantado mamparos para mejorar la estructura. A medida que descendían, el aire se volvió más caliente, hasta resultar casi sofocante. La fetidez aumentó también, aunque no parecía haber una causa para la pestilencia; los pasillos y las estancias por los que habían pasado estaban libres de inmundicia o despojos. Lord Cypher no efectuó ningún comentario sobre tal hecho, aunque no dejaba de echar veloces miradas atrás, en dirección a Zahariel.

Con el calor y el hedor también apareció una sensación opresiva. Zahariel no podía desprenderse de la sensación de que cada paso lo conducía más cerca de un destino espantoso. Cuanto más al interior penetraban, más se incrementaba la sensación, aunque a Cypher no parecía afectarle.

O, a lo mejor, estaba prevenido, comprendió una parte suspicaz de Zahariel.

—¡Aguarda!

La advertencia de Zahariel hizo que lord Cypher frenara en seco, llevando la mano hacia la pistola bólter que llevaba al cinto. Al cabo de un momento una larga respiración queda resonó túnel arriba, emanando de la lejanía, mientras el aire fétido se removía con una brisa caliente cada pocos segundos.

—¿Lo percibes? —susurró Cypher.

Un pavor antinatural empezó a penetrar en el cuerpo de Zahariel, un escalofrío que le iba ascendiendo por la columna. Zahariel desplegó su fuerza de voluntad, motas de energía psíquica danzaron en sus pupilas, y alargó una mano, separando y extendiendo los dedos, como si sondeara una pared invisible. Cypher desenfundó el arma.

Era mejor no hablar de lo que había sucedido antes, de modo que el bibliotecario mintió.

—Un eco secundario. Nada más. Pareces… incómodo. ¿Qué pasa?

Lord Cypher temblaba de modo incontrolable, movía los ojos veloces a derecha e izquierda, en busca de la fatalidad que venía a por él.

—No… No puedo ir… Debo…

Empezó a retroceder pasillo arriba.

—Tenemos que regresar. Esto ha sido un error.

Zahariel inspiró profundamente.

—Fantasmas del pasado…

Las palabras las pronunció tanto en beneficio propio como en el de su compañero. Nunca había visto a otro legionario actuar de aquel modo, pero por otra parte Cypher no se había enfrentado a la terrible cosa de las profundidades de la Northwilds del mismo modo en que lo había hecho Zahariel.

El bibliotecario llenó la voz de falsa confianza.

—No hay nada a lo que temer. Solo son recuerdos.

Estremeciéndose, Cypher se alejó dando traspiés. Zahariel no fue tras él, y el apagado golpear de sus botas fue desvaneciéndose mientras volvía a ascender por el túnel.

Zahariel sentía un gran recelo, sus recuerdos estaban repletos de visiones de gusanos voraces y de una cosa terrible y antinatural, pero siguió adelante. Luther lo había enviado ahí, y lord Cypher también había sido atraído de vuelta a ese lugar. Zahariel no necesitaba su sentido psíquico para percibir las oleadas de peculiaridad que emanaban de los pasillos que tenía delante.

Existía una familiaridad: una voz, una presencia que no le era desconocida a Zahariel. La fetidez que lo rodeaba no daba la impresión de ser una advertencia —⁠aunque lord Cypher la había tomado como tal⁠—, sino más bien una bienvenida.

Pero ¿por qué ahora? ¿Acaso los colonos habían desenterrado algo que la purga había pasado por alto? Parecía improbable que se hubieran quedado, de haber advertido aquella horrorosa aura penetrante cuando escogieron este lugar.

¿De verdad habían sido los dos Space Marines los que habían provocado que abandonaran sus hogares con tanta premura? ¿Por qué había venido lord Cypher?…

Demasiadas preguntas sin respuestas.

Cypher. Él tenía que haber sabido lo que estaba sucediendo allí. Quizá lo habían avisado de que Zahariel lo vigilaba, y había atraído al bibliotecario al lugar.

Su oído sobrehumano captó el agudo eco de los motores de su nave lanzadera encendiéndose. Echó a correr, encaminándose de vuelta a la superficie.

Sí, algo venía. Ahora podía percibirlo, como un aliento fétido en el cogote. Era necesario contárselo a los demás. Tenía que dar la alarma.

El Ouroboros estaba regresando.


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