Texto aleatorio

ENTRE Werrel y Soest vivía un hombre que se llamaba Knoist. Tenía tres hijos, de los cuales uno era ciego; el segundo, manco, y el tercero andaba en cueros vivos.

Salieron una vez al campo y vieron una liebre. El ciego la mató de un tiro; el manco la recogió, y el desnudo se la metió en el bolsillo.

Llegaron luego a un río gigantesco en el que había tres barcos: uno corría; otro, se hundía, y el tercero no tenía fondo; ellos subieron al que no tenía fondo y navegaron hasta un gigantesco bosque, en el que se levantaba un enorme árbol.

En el árbol había una inmensa capilla, y en la capilla, un sacristán de ojaranzo y un cura de boj, los cuales distribuían el agua bendita a estacazos.

«Dichoso el que medita

el modo de huir de tal agua bendita».


Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar