Texto aleatorio

HORA: las 9 de la noche. Los padres están en el cine. Rafi se halla confiado a la custodia de la incomparable Regine Popper. Está acostado en su camita, con los ojos abiertos y no puede dormirse. El alumbrado de la calle proyecta formas siniestras de luz y de sombra en los rincones de la habitación. Fuera hay tormenta. El viento del desierto trae de vez en cuando los aullidos de los chacales. A veces puede oírse también el grito quejumbroso de un búho.

SEÑORA POPPER: ¡Duerme, Rafilito! ¡Anda, duérmete!

RAFI: No quiero.

SEÑORA POPPER: Todos los niños buenos ya están durmiendo.

RAFI: Tú eres fea.

SEÑORA POPPER: ¿Te gustaría beber algo?

RAFI: Quiero un mantecado.

SEÑORA POPPER: Si te duermes y eres bueno, te daré el mantecado. ¿Quieres que te cuente una hermosa historia como ayer?

RAFI: ¡No! ¡No!

SEÑORA POPPER: Pero si es una historia muy bonita. Es la historia de Caperucita Roja y el Lobo feroz.

RAFI: (protestando desesperado) ¡Yo no quiero ninguna Caperucita Roja! ¡No quiero ningún Lobo feroz!

SEÑORA POPPER (Sujetándole al ver que intenta saltar de la cama): ¡Así! Y ahora, a estarse quietecito y a escuchar el bonito cuento. Érase una vez una niña que se llamaba Caperucita Roja.

RAFI: ¿Por qué?

SEÑORA POPPER: Porque siempre llevaba en su pequeña cabecita una pequeña caperuza roja.

RAFI: ¡Mantecado!

SEÑORA POPPER: Mañana. ¿Y qué hizo la pequeña Caperucita Roja? Fue a visitar a su abuela, que vivía en una pequeña choza en medio del bosque. El bosque era inmensamente grande, y cuando uno entraba en él, ya no volvía a encontrar la salida. Los árboles llegaban hasta el cielo. En aquel bosque estaba completamente oscuro.

RAFI: ¡No quiero escuchar!

SEÑORA POPPER: Todos los niños conocen la historia de Caperucita Roja. ¿Qué van a decir los amigos de Rafi si se enteran de que Rafi no conoce la historia?

RAFI: No lo sé.

SEÑORA POPPER: ¿Lo ves? Caperucita Roja anduvo a través del bosque, a través del bosque terriblemente grande, del bosque tenebroso. Estaba completamente sola y tenía tanto miedo, que temblaba de los pies a la cabeza…

RAFI: Está bien, ahora me duermo.

SEÑORA POPPER: No debes interrumpir a la tía Regine. La pequeña Caperucita Roja iba caminando, completamente sola, iba caminando, completamente sola. Su pequeño corazoncito palpitaba hasta saltársele del pecho, y ella no se daba cuenta de que detrás de un árbol le estaba acechando una gran sombra. Era el Lobo.

RAFI: ¿Qué lobo? ¿Por qué el lobo? ¡Yo no quiero ningún lobo!

SEÑORA POPPER: Pero si no es más que un cuento, tontuelo. Y el Lobo tenía unos ojos tan grandes y unos dientes tan amarillos (y le enseñó los suyos para demostrárselo). ¡Grrrrrr, grrrrr!

RAFI: ¿Cuándo vuelve mamá?

SEÑORA POPPER: Y el lobo grande y malvado corrió hacia la choza, donde la abuela estaba durmiendo, abrió sin hacer ruido la puerta, se deslizó hasta la cama y… ñam, ñam, devoró a la abuela.

RAFI: (lanza un grito, salta de la cama y trata de huir).

SEÑORA POPPER: (persiguiendo al niño alrededor de la mesa) ¡Rafi! ¡Rafael! ¡Vuelve inmediatamente a la cama! Si no, no continuaré contándote el cuento. Ven, precioso, ven… ¿Sabes lo que hizo la pequeña Caperucita Roja cuando vio al Lobo acostado en la cama de la abuela? Le preguntó: «Abuela, ¿por qué tienes unos ojos tan grandes? ¿Y por qué tienes tan grandes las orejas? ¿Y por qué en las manos tienes unas garras tan espantosas?» Y…

RAFI (saltando sobre el alféizar de la ventana y abriéndola): ¡Socorro! ¡Socorro!

SEÑORA POPPER: (Haciéndolo bajar a la fuerza, dándole una palmada en el trasero y cerrando la ventana): Y de pronto, el Lobo saltó de la cama y… ñam, ñam…

RAFI: ¡Mamá! ¡Mamá!

SEÑORA POPPER… : Devoró a la pequeña Caperucita Roja, con piel y cabellos y caperucita, ñam, ñam… grrr, grrrr.

RAFI (se arrastra llorando por debajo de la cama y se arrima a la pared).

SEÑORA POPPER (tendiéndose en el suelo, delante de la cama): Grrr, krrr, ñamm, ñamm… Pero de pronto llegó el tío Cazador con su gran escopeta y… pam, pam, mató de un tiro al Lobo feroz. Pero la abuela y Caperucita Roja salieron alegremente del vientre del malvado Lobo.

RAFI (sacando la cabeza): ¿Ya se ha acabado?

SEÑORA POPPER: Todavía no. Llenaron el vientre del malvado Lobo con grandes piedras, piedras enormemente grandes, y cataplum, lo arrojaron al arroyo.

RAFI (encima del armario): ¿Ya está?

SEÑORA POPPER: Ya está, precioso mío. Un bonito cuento, ¿verdad?

MAMÁ (acaba de llegar y entra en la habitación): ¡Rafi, baja enseguida! ¿Qué sucede, señora Popper?

SEÑORA POPPER: El niño estaba hoy un poco intranquilo. Y para tranquilizarle le he contado un cuento.

MAMÁ (acariciando el cabello de Rafi, pegajoso por efecto del sudor): Gracias, Señora Popper, ¿qué haríamos sin usted?

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