Texto aleatorio

HACE aproximadamente una semana que comenzó a llamarme la atención el hecho de que ya no recibiera ninguna carta. Ayer descubrí por casualidad el motivo de ello. Cuando salía de casa a una hora no acostumbrada, vi cómo un pescador menor de edad, el hijo de la familia Ziegler, que vive en la casa de al lado, con dos de sus tiernos dedos sacaba por la ranura de mi buzón tres o cuatro cartas a la vez. Al verme, emprendió la huida.

Me encaminé directa y furiosamente a la casa del señor Ziegler, que en aquel momento se encontraba ya en el umbral.

—¿Qué pasa? —me preguntó.

—¡Señor mío! —le dije—. ¡Su hijo me roba las cartas!

—Él no roba ninguna carta. Colecciona sellos.

—¿Cómo dice?

—Óigame —dijo el señor Ziegler—. Hace treinta y tres años que con la ayuda de Dios vivo en este país y he hecho algunas cosas, de las cuales están enteradas solo muy pocas personas, entre ellas algunos ministros. Hablo por experiencia. Y le digo a usted que hoy día no vale la pena recibir cartas.

—¿Y si por casualidad se trata de una carta importante?

—¿Importante? ¿Qué es lo que es importante? ¿Es importante la declaración de la renta? ¿Es importante una citación judicial? ¿Es importante lo que le escriben a usted sus parientes americanos? Créame, no hay ninguna carta importante.

—Disculpe usted, pero…

—Mi hermano era entrenador de kárate en el Ejército y de pronto recibió una carta con la noticia de que tenía que trasladarse a Zanzíbar en calidad de ministro plenipotenciario. Se gastó una fortuna en renovar su guardarropa y leyó un montón de libros para informarse acerca de su nueva esfera de acción. Al cabo de una semana se descubrió que se trataba de un error y ahora mi hermano está trabajando en el «Zanzi-Bar». Para que sepa usted lo que es una carta importante, caballero.

—Importante o no, yo querría leer las cartas que se me envían. ¿De acuerdo?

—De acuerdo. Intentaré persuadir a mi hijo para que solo retenga los sobres y le devuelva a usted las cartas más importantes.

—Muchísimas gracias. ¿Puedo darle a su señor hijo una llave de mi buzón?

—¿Para qué? El chaval debe aprender la manera de coleccionar sellos.

Con lo que quedó inaugurado oficialmente el servicio privado filatélico entre Ziegler junior y yo.

Suplico, pues, a todos mis corresponsales, sobre todo los extranjeros, que franqueen sus cartas con sellos especialmente bellos, ya que entonces tienen una probabilidad mayor de llegar a mis manos.

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