ADVERTENCIA PRELIMINAR
ace muchos años (creo que fue durante el 85 u 86) escribí una colección de doce apólogos o narraciones semifilosóficos y seudocientíficos que no osé llevar a la imprenta, así por lo estrafalario de las ideas como por la flojedad y desaliño del estilo. Hoy, alentado por el benévolo juicio de algunos insignes profesionales de la literatura, me lanzo a publicarlos, no sin retocar algo su forma y modernizar un tanto los datos científicos en que se fundan.
Si él público docto gusta de estas bagatelas literarias, a la serie actual seguirá otra hasta completar la docena de cuentos; si, por el contrario, y es de presumir, mis sermones científicos y trasnochados lirismos no hallan gracia a sus ojos, el resto de estas composiciones dormirá el sueño de los engendros malogrados, que debe ser harto más profundo que el llamado sueño del olvido.
El subtítulo de Narraciones seudocientíficas quiere decir que los presentes cuentos se basan en hechos o hipótesis racionales de las ciencias biológicas y de la psicología moderna. Será bien, por consiguiente (aunque no indispensable), que el lector deseoso de comprender las ideas y modos de expresión de los personajes de estas sencillas fábulas posea algunos conocimientos, siquiera sean rudimentarios, de filosofía natural y biología general.
Tocante al fondo y génesis del libro, poco tengo que advertir. Las lucubraciones, más o menos extravagantes, que en él campean, representan desahogos o compensaciones dinámicas de un espíritu fatigado por veinticinco años de disciplina y labor científica: pandiculaciones y cabriolas de una imaginación inquieta que tasca impaciente el freno en la noria acompasada del magisterio. Bajo este aspecto, son comparables las presentes narraciones a los regocijados y retozones cuentos de café con que alivia su bilis el lacrimoso y adusto poeta elegiaco, o a los lamentos del cante jondo, compensación sentimental frecuente en los expansivos, jacarandosos y chirigoteros andaluces. Y pues constituyen obra exclusiva de unas cuantas ruedas de la máquina del pensar, o, en otros términos, la descarga motriz de algunos postergados barbechos cerebrales, ocioso será insistir acerca de su pobreza, desgarbo e inconsistencia.
Cinco son los cuentos incluidos en este volumen. En el primero, que rompe plaza bajo la divisa de A secreto agravio, secreta venganza, el autor se propone simplemente la amenidad, amén de exponer algunos rasgos salientes de la curiosa psicología de los sabios, esencialmente amoral y profundamente egotista (hay excepciones, naturalmente); el segundo y el tercero, bajo una forma demasiado declamatoria y difusa, entrañan tesis filosóficas y científicas más o menos estimables y vulgares; el cuarto, titulado La casa maldita, encierra un transparente símbolo de los males y remedios de la patria (¡perdón, corifeos del naturalismo literario!), y, si hemos de creer a quienes lo han leído, es el menos malo de la colección; en fin: el último, etiquetado El hombre natural y el hombre artificial, viene a ser un estudio pedagógico de índole crítica, compuesto recientemente con la mira puesta en las rutinas, enervamientos y decadencias de la educación nacional.
Una advertencia a los suspicaces y maliciosos, antes de terminar. Los personajes de nuestros cuentos exponen y proclaman, en ocasiones, los más exagerados y contradictorios sistemas, incurriendo, según es de presumir, en no pocas inconsecuencias, ignorancias y candideces. Ello es consecuencia de nuestro empeño en que los protagonistas sean hombres antes que símbolos y ofrezcan, por tanto, las pasiones, defectos y limitaciones de las personas de carne y hueso. Por de contado, el autor no acepta la responsabilidad de las ideas, más o menos disparatadas, defendidas por aquéllos, aun cuando no disimula sus simpatías por la figura moral de Jaime (último cuento) y de don José (La casa maldita).
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